17ª semana: del 26 al 28 de enero

Empezamos a desarrollar técnicas para escribir textos argumentativos como los que nos sugieren en Selectividad. Redactamos dos: uno sobre” la agresividad humana” y otro sobre “miedo y libertad”.

Aquí otro posible ejemplo, con su texto argumentativo previo:

TEXTO:

Hace tiempo que vengo observando con preocupación que la gente se cree la tele. Que cree que lo estrambótico, arbitrario, excepcional y llamativo, que son norma en la televisión, constituyen la realidad. Las audiencias se disparan cuando aparecen la mujer barbuda o el perro de tres cabezas.

El fenómeno no es nuevo. Siempre han existido las coplas de ciego, los cómicos de la legua y los circos ambulantes que hacían posible lo imposible y por unas horas llenaban la vida de exageración, de disparate. La diferencia es que antaño a nadie se le ocurría ordenar su vida cotidiana según esos parámetros. La gente se educaba en familias estables, bajo tradiciones seculares y con certezas sólidas. A nadie se le ocurría romper su matrimonio a la vista de una cara o unas piernas bonitas, abandonar a sus hijos para ver mundo o mentir o darse a la maledicencia para hacerse rico y famoso. A nadie, menos a los trasnochados y los delincuentes.

En la medida sin embargo en que hemos pasado de ser un pueblo con tradiciones, relaciones y habilidades heredadas a ser una masa de telespectadores aislados entre sí, nos hemos hecho vulnerables. Hemos sustituido el paseo, la partida con los amigos o los juegos en familia por las películas y magazines favoritos. Está demostrado que hasta carecemos de tiempo para el afecto conyugal por culpa de nuestra entrega a la caja mágica. Ella acorta las horas de sueño, impide las conversaciones, dificulta la lectura y hasta sustituye la misa dominical.

El hombre y la mujer actuales están solos. Ante las dificultades no acuden al amigo, al sacerdote, a sus padres, sino que siguen directamente el ejemplo catódico. Los pocholos, los cotos, las maricielos se han convertido en los arquetipos. Los que cocinamos los medios sabemos que estos personajes son monstruos atípicos, creados para divertir a las masas, pero los telespectadores creen en ellos cada vez más.

Así, el adolescente que experimenta una gran atracción por su amigo cae en la trampa de creerse homosexual. El depresivo empieza a acariciar la idea de la eutanasia. La gente se casa, se junta, se divorcia y se desjunta a velocidad de vértigo dejando hijos e hijas por el camino, heridas abiertas para siempre. Y en general se piensa que hacerse rico y/o famoso es realmente el objetivo de la vida. El resultado es una infelicidad cada vez más extendida porque los problemas reales, en lugar de afrontarse, se evitan. Porque la enfermedad, la duda, la pena que forman parte inevitable e importante de la existencia se censuran y destierran.

Conviene recordar que la tele no es real. Que se inventa diariamente para entretener. Que la vida se desarrolla fuera de su estrecho armazón y que los mecanismos que regulan el ritmo apasionante de la existencia nada tienen que ver con las tonterías catódicas.

Cristina López Schlichting, “Pocholo es virtual”, ABC, 9 de enero de 2004

 
    Resumen del contenido
  
  Según la autora del texto, la televisión tiene una enorme influencia en la sociedad actual, porque, por un lado incita a creer que lo excepcional, que es lo que se muestra en pantalla, es lo habitual y por otro, nos incita a tomar esa realidad virtual como modelo en nuestra vida diaria, lo que lleva aparejado una gran infelicidad.

 
  A partir del texto, exponga su opinión de forma argumentada sobre la influencia de la televisión en la sociedad actual.
  
 PARA CONTESTAR A ESTA PREGUNTA DEBES PARTIR DEL TEXTO Y LUEGO ALEJARTE DE ÉL, MANIFESTANDO OPINIONES PROPIAS, BASADAS EN TU EXPERIENCIA, O EN ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS O ACTUALES, ETC.

A la autora de este texto le parece excesiva la influencia que la televisión ejerce en la sociedad y justifica su opinión con diversos argumentos. Aunque no estoy de acuerdo con todos, puedo añadir algunos otros que no se mencionan en el texto y que me parecen dignos de tenerse en cuenta.

La autora habla de la influencia de la televisión en la sociedad en general, pero creo que está influencia es especialmente nefasta para los niños. No es infrecuente que vean cuatro o cinco horas delante del televisor. Más tiempo del que pasan en su centro educativo, con sus amigos, o charlando con sus padres y hermanos, lo que convierte a la tele en su principal educador. Es muy difícil así que la escuela y su familia tengan posibilidades de enseñarles a  luchar contra los estereotipos y falsos valores que a veces se transmiten. 

Tal vez el más censurado de los efectos nocivos de la tele en los últimos tiempos sea el de la incitación a la violencia. Es un tema muy discutido, porque no sabemos si  afecta sólo a los que ya son violentos por naturaleza o  a todo el mundo. En cualquier caso, series y películas de acción, que muestran indiferencia ante la muerte y exaltan comportamientos agresivos difícilmente pueden tener un efecto educativo en nadie y menos en los menores.

Hay que tener en cuenta, además, que programas pretendidamente infantiles, incluso algunas series de dibujos animados, están llenos de una tremenda agresividad. Como se emiten en horario infantil sin ningún tipo de censura y los comportamientos violentos se muestran como algo normal, pueden crear  en los niños la falsa idea de que la violencia es lícita, que es un instrumento para poder conseguir poder, fama o dinero. Incluso pueden llegar a considerarla la mejor manera de solucionar conflictos.

¿Y qué decir del poderoso influjo de la publicidad? Favorece un consumismo desproporcionado y genera sentimientos de frustración e infelicidad a quien no puede adquirir tantos productos o servicios. Los presenta de una manera tan atractiva y tan engañosa, que llevan a pensar que  sólo a través de ellos  se logra la felicidad.

Para concluir, creo que la televisión es una ventana abierta al mundo, que puede favorecer el conocimiento, entretener, acercarnos las noticias de cualquier punto del planeta… pero también aborregarnos, hacernos consumistas, acríticos o violentos. Como todo casi todo, tiene dos facetas opuestas y está en nuestra manos distinguir cuándo, cúanto y de qué manera. Tenemos que usar nuestro sentido común y ser coherentes con lo que nos dicte.

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